Por primera vez, la Galería de las Colecciones Reales de Madrid acoge una muestra sin precedentes que no puedes perderte: “La Iconografía del mal“, los tapices de los pecados capitales. Esta nueva exposición de la galería, reúne por primera vez dos series monumentales de tapices flamencos del siglo XVI, encargados por figuras clave de la monarquía europea y conservados durante siglos en las Colecciones Reales españolas. En este artículo te hablamos sobre ellos y te mostramos algunas imágenes.
La exposición “La Iconografía del mal” puede visitarse hasta el 28 de septiembre de 2025, por lo que tienes pocos meses para disfrutar de la oportunidad irrepetible de contemplar sin moverte de Madrid diez tapices monumentales, algunos de hasta ocho metros de ancho, junto a 38 piezas complementarias entre pinturas, libros, monedas y esculturas. Además Tour Time las incluye en su visita guiada a las Galerías de las Colecciones Reales mientras las piezas estén expuestas.
Orígenes y significado de Los Pecados Capitales.
La iconografía de los siete pecados capitales tiene raíces profundas en la tradición cristiana, siendo un concepto moral que busca categorizar las principales faltas humanas y sus consecuencias espirituales. En la exposición, cada tapiz no solo ilustra un pecado: avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza y soberbia, sino que también contrapone la virtud que permite redimirlo: la caridad frente a la avaricia, la castidad contra la lujuria, la paciencia ante la ira, la templanza en oposición a la gula, la generosidad como antídoto de la envidia, la diligencia para combatir la pereza y la humildad frente a la soberbia.
Las cenefas y medallones de los tapices, con sus inscripciones en latín, refuerzan el mensaje de advertencia sobre los peligros de caer en estos pecados. Estas obras, aunque a menudo utilizadas con un afán decorativo, tienen una gran relevancia al contar historias y servir como instrumentos de enseñanza moral.

Si te interesa, en este otro artículo también hablamos de los pecados capitales del Bosco en el Prado.
La llegada de los tapices a España con Felipe II.
Los tapices expuestos tienen un origen tan fascinante como su iconografía. Cuatro de ellos proceden de la colección de María de Hungría (1505-1558), tía de Felipe II y gobernadora de los Países Bajos, quien los encargó para decorar su Palacio de Binche en Bruselas con motivo de la visita del emperador Carlos V. La segunda serie, compuesta por seis tapices, perteneció al conde de Egmont (1522-1568), uno de los grandes nobles flamencos de la época
A mediados del siglo XVI, Felipe II (1527-1598) adquirió ambas series, integrándolas en las Colecciones Reales españolas, donde han permanecido hasta hoy.



Esta adquisición fue una clara manifestación de poder y sofisticación cultural. Los tapices, por su tamaño monumental y la riqueza de sus materiales como los hilos de oro y seda, se empleaban en la corte para crear escenografías impactantes en ceremonias y celebraciones, transformando los espacios palaciegos en auténticos escenarios de magnificencia y autoridad.
La elección de estos tapices no fue casual, en el siglo XVI, Flandes era el principal centro europeo de producción de tapices, y los talleres de Bruselas, como el de Wilhelm Pannemaker, alcanzaron gran fama.
Los diseños originales, obra del maestro flamenco Pieter Coecke van Aelst (1502-1550), reflejan la influencia intelectual y artística de su tiempo, combinando la tradición religiosa con la cultura humanista del Renacimiento. Además, la adquisición de estas piezas por Felipe II consolidó el prestigio de la monarquía española y su papel como mecenas de las artes, a la vez que dotaba a la corte de un instrumento de enseñanza moral y propaganda política.



Disfruta de un recorrido temático y multisensorial.
La exposición se articula en cinco secciones temáticas que exploran el papel de los tapices como instrumentos de enseñanza moral, símbolos de poder y elementos transformadores del espacio cortesano. Además, incorpora piezas inéditas y préstamos destacados, como un manuscrito de la Biblioteca Nacional de España (1546-1553) que documenta la importancia de estos tapices en la corte de los Austrias.
El estado de conservación de los tapices es excelente, lo que permite apreciar la riqueza cromática y la minuciosidad de los detalles, desde las escenas de la avaricia devoradora hasta la soberbia castigada por la caída de la Torre de Babel.

El arte monumental de los tapices flamencos.
La confección de un tapiz flamenco del siglo XVI, como los que se exhiben en la Galería de las Colecciones Reales, era una auténtica hazaña colectiva que podía prolongarse durante varios años. El proceso exigía una meticulosa coordinación de recursos, talento y tiempo: para un tapiz de gran formato como los de la serie de los pecados capitales, que alcanzan hasta ocho metros de ancho, era habitual que trabajaran entre 10 y 20 tejedores especializados simultáneamente en el mismo telar, cada uno encargado de una sección concreta del diseño.
El tiempo necesario para completar una pieza de semejante envergadura variaba según la complejidad del cartón (el dibujo original), la riqueza de los detalles y la cantidad de hilos de oro, seda y lana empleados. Por ejemplo, un tapiz de estas dimensiones podía requerir de uno a dos años de trabajo ininterrumpido para alcanzar la calidad exigida por la nobleza y la realeza europea.
Los talleres de Bruselas, como el de Wilhelm Pannemaker, estaban organizados en equipos jerarquizados: el maestro tejedor supervisaba el proceso, mientras los oficiales y aprendices tejían bajo su dirección, siguiendo fielmente los cartones realizados por artistas como Pieter Coecke van Aelst.
Uno de los tapices más emblemáticos de la serie es el dedicado a la Avaricia, donde la figura central aparece rodeada de símbolos y alegorías, con una composición densa y minuciosa. En piezas como esta, la riqueza cromática y la presencia de hilos metálicos requerían aún más destreza y tiempo, ya que cada color y cada textura debían integrarse a mano, siguiendo el patrón marcado por el cartón original.
La coordinación era esencial: mientras unos tejían los fondos, otros se concentraban en los detalles de las figuras, los ropajes o los elementos arquitectónicos.
Además, la confección de estos tapices implicaba la colaboración de otros oficios: tintoreros, que preparaban los colores; dibujantes y pintores, responsables de los cartones; y comerciantes que gestionaban la adquisición de materiales como la lana castellana, la seda y el oro, fundamentales para la calidad final del tapiz.
La monumentalidad y el detallismo de estas piezas no solo reflejan el poder de sus propietarios, sino también la excelencia técnica y la organización de los talleres flamencos en el siglo XVI. Contemplar hoy estas obras es asomarse a un proceso artesanal que marcó el esplendor del arte textil europeo.
Hoy, estos tapices son uno de los tesoros más valiosos de Patrimonio Nacional, y su conservación y estudio continúan siendo una prioridad, dada su importancia histórica y artística. La exposición actual permite, por primera vez, contemplar reunidas ambas series y apreciar en detalle su complejidad iconográfica y su extraordinaria calidad técnica.
En Tour Time personalizamos cada recorrido para que se adapte a tus intereses específicos. Si deseas incluir detalles particulares, como la visita a los tapices de los pecados capitales o explorar otras joyas artísticas de la colección, solo tienes que solicitarlo. Creamos una experiencia única y a tu medida para que disfrutes del patrimonio histórico y artístico de Madrid de forma exclusiva. Además, no olvides aprovechar las vistas y el ambiente que ofrece este espacio único, donde el arte y la historia se entrelazan para ofrecer una experiencia inolvidable.

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